Evaluación Gamificación

Gamificar la evaluación II: diagnóstico de clase

“Cuando la evaluación sirve de método diagnóstico entre clases y permite ajustarte a lo que el aula necesita”

En una entrada anterior (Gamificar la evaluación) expuse uno de los sistemas que he utilizado para cambiar el proceso de evaluación en mis clases, en este caso en Lengua Castellana, con la intención de modificar el cómo se enfrentan los alumnos a su trabajo corregido y qué aprenden de él. En esta entrada me centraré en cómo utilizar este sistema de evaluación no solo para saber cómo va un alumno en concreto sino también para poder realizar un diagnóstico de cada clase en relación a en qué puntos necesitan mejorar —puntos que, por otro lado, pueden ser distintos a los que necesita la clase de al lado—. Para poder seguir esta entrada y saber de qué hablo cuando menciono el mérito, por ejemplo, orador, os recomiendo leer la entrada mencionada al principio del artículo.

La simplificación de la evaluación a una única nota numérica, a nivel diagnóstico, desaprovecha la oportunidad de valorar las necesidades no solo de los alumnos en concreto sino también de un grupo clase entero. Se puede hacer si tenemos dichas notas desglosadas en todos los ámbitos de aprendizaje que queremos trabajar pero eso implica un coste de tiempo y esfuerzo —recoger una gran cantidad de notas de todos los ámbitos, llevarlas al día, realizar las medias, etc.— que, no nos engañemos, en la mayoría de casos hace que al final el profesor desista de llevarlo a cabo; y en el fondo es normal, bajo mi punto de vista porque si nuestra actividad docente nos absorbe más tiempo en la gestión numérica de notas, porcentajes, medias y varemos que en estar por los alumnos, centrado en el aula y mejorando nuestra actividad docente… tenemos un problema.

¿Cómo nos puede ayudar el sistema de evaluación gamificado basado en méritos?

Pues de forma sencilla y rápida. Nuestros alumnos ganan o no una serie de méritos en sus redactados —recordemos que dichos méritos, los que planteé, pueden ser perfectamente modificados y rediseñados para que valoren aquello en lo que como profesor deseas incidir— y nosotros, simplemente, los acumulamos en la cuenta de méritos de la clase. Si cuatro grupos, por ejemplo, de ESO 1 A han ganado el mérito Supervisor, la clase acumula cuatro puntos en esa categoría; y así con todos los méritos. La tabla resultante, tras cuatro tareas realizadas en grupo (recordemos que trabajo en grupo por lo que en una tarea se producen 6 textos, no 24 con lo cual por cada tarea una clase puede acumular hasta un máximo de 6 méritos en cada categoría), era la siguiente:

Méritos diagnóstico

Se podrían sumar todos los méritos de cada clase y simplificar la puntuación pero eso solo serviría como elemento de un sistema gamificado que nos determinaría qué clase va en cabeza y no tendría ningún tipo de utilidad pedagógica a nivel diagnóstico (precisamente estamos intentando apartarnos de la nota simplificada).

Ahora, como profesor, me paro un momento y observo lo que tengo entre manos. Veo claramente que ESO 1 C tiene, como clase en general, tiene problemas con las faltas de ortografía (mérito Supervisor) , que ESO 1 A y ESO 1 D tienen problemas con la puntuación del texto, la concordancia y la coherencia (mérito Orador) y que ESO 1 D, además, no tiene claro cómo estructurar un texto y separar las ideas adecuadamente por párrafos (mérito Arquitecto). ESO 1 B, en cambio, necesitan dejar de ir siempre a lo seguro y ser un poco más creativos, pensar “fuera de la caja” (mérito Creativo).

¿Tiene sentido que detenga mi programación y, con la intención de que todas mis clases estén cuadradas entre ellas, vuelva a repasar las ideas relacionadas con la estructura de un texto y su separación por párrafos con ESO 1 A —que según los méritos entregados lo sabe muy bien— solo porque ESO 1 D no lo ha entendido? ¿Es lógico que pierda la oportunidad de trabajar con ESO 1 A los conceptos relacionados con la coherencia y la cohesión mientras trabajo las cuestiones ortográficas en ESO 1 C, que realmente lo necesitan?

Las clases que han de seguir, bajo mi punto de vista, no responden a una programación realizada de antemano, no siguen  un libro de texto, ni siquiera un sistema gamificado… responden a las necesidades lingüísticas de cada clase, siendo éstas diferentes entre ellas. Y todos los docentes tenemos claro que ajustarnos a las necesidades de nuestros alumnos y alumnas, dentro del marco de lo que queremos trabajar, es lo ideal.

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