Evaluación Trabajo en grupo

El trabajo en grupo I

“¿Por qué nos haces trabajar en grupo si tú mismo nos reconoces que es más difícil que hacerlo individual?”

Esta es, en sus múltiples variaciones, la pregunta que invariablemente me hacen mis alumnos a mitad del primer trimestre. Y me la hacen pasado un mes o mes y medio porque al principio de curso entienden el trabajo en grupo como un espacio de relax en el que pueden trabajar a su manera (muchas veces “a su manera” implica menos que el o la compañero o compañera que tienen al lado), sin necesidad de guardar ningún tipo de silencio relativo, pudiendo desconectar siempre que quieran, sin ningún tipo de evaluación del proceso (solo del resultado), etc. No es hasta que realmente empiezan a trabajar en grupo en el nuevo curso que ven destacables diferencias respecto a lo que estaban acostumbrados —bajo mi punto de vista, mal acostumbrados— y empiezan a entender que eso de “trabajar en grupo” es más complicado de lo que parecía y que, sobre todo al principio, suelen obtener resultados peores que si lo hicieran de forma individual.

Volviendo a la pregunta, yo siempre les respondo lo mismo: “Es verdad que trabajar en grupo es más complicado y que potencialmente pueden salirte cosas mucho peores que si lo hicieras tú solo; pero también pueden salir cosas muchísimo mejores. Y es por eso, por la posibilidad de que salgan cosas más potentes, que el mundo te va a pedir trabajar en grupo.” No les hablo de las competencias que pueden adquirir, de los aprendizajes sociales que pueden realizar o de las posibilidades de autoconocimiento que les brinda. No les hablo de ello, aunque es cierto, porque no es algo tangible para ellos, no pueden volver a casa y decirle a sus padres que hoy han fortalecido una relación social o que han mejorado su competencia de aprender a aprender. Ese nivel de metaconocimiento ya llegará cuando estén dentro de la nueva dinámica de trabajo y puedan comparar lo que eran capaces de hacer solos y lo que son capaces de hacer en grupo, cómo se sentían antes y cómo se sienten ahora.

Así pues, ¿cómo planteo el trabajo en grupo en el aula de principio a fin?

1.- Afrontar el tema… de forma individual

Y es que mi primer paso en el trabajo en grupo es no trabajar en grupo. Antes de formar los grupos de trabajo y de que el alumnado se enfrente a la tarea o tareas planteadas les hago abordar los temas de forma individual durante cinco minutos. Puede ser simplemente formular una pregunta, que anoten lo que saben y opinan del tema, proponerles un problema, un par mínimo, la lectura de un texto o entrar en contacto con el nuevo temario. Sea lo que sea les ofrezco un espacio personal para que se enfrenten al temario (planteado en forma de reto, de contenidos o de proyecto) con el fin de que cuando formen parte de un grupo todos tengan sus ideas y sus propuestas.

¿Por qué? Porque todos tenemos en nuestra aula alumnos más tímidos, más retraídos, alumnos que no se consideran buenos en nuestra materia, que no se ven capaces o, al menos, tan capaces como otros, alumnos que necesitan más tiempo para asimilar o alumnos que, simplemente, necesitan sentirse seguros antes de hablar y/o proponer. Esos minutos individuales les ofrecen el espacio para que todos tomen contacto con la materia, se formen sus ideas y estén más preparados para formar parte de un grupo como un integrante más y no como un espectador.

2.- Creación de grupos

La primera cuestión es la creación de grupos (cuántos y quiénes). Mi experiencia me ha enseñado que los grupos de cuatro son los más equilibrados, los que me permiten evaluar mejor la labor de todos los integrantes y los que permiten la integración de una serie de roles. No obstante, no siempre puedo crear grupos de cuatro porque el número de alumnos en clase no me lo permite. En esos casos siempre tiendo antes a los grupos de tres que a los de cinco (y no nos engañemos, eso significa más trabajos que corregir pero realmente me vale la pena).

En relación a quiénes forman un grupo, mi base es que se formen al azar pero durante nuestra labor docente encontramos muchas veces alumnos o alumnas con necesidades emocionales relacionadas con su autoconcepto académico en un ámbito concreto y bajo la apariencia de la suerte a veces conformo grupos que den respuesta a esas necesidades. Ese, no obstante, es un tema para otro día.

3.- Disposición

Una vez se han formado los grupos y se ha organizado el aula para el trabajo que está por venir, les dejo sentarse dentro del grupo como quieran… al principio. Mi objetivo es que el centro de trabajo que se forme entre los cuatro integrantes del grupo esté ubicado entre las cuatro mesas. Pretendo evitar que dos alumnos muy capaces en la actividad planteada se sienten uno al lado del otro o uno enfrente del otro porque eso generaría el centro de trabajo entre ellos dos y dejarían fuera al resto del grupo. Si, en cambio, los ubico en diagonal, el centro de trabajo se establece entre los dos, justo en el centro del grupo. En el ejemplo siguiente los puntos azules representarían a los alumnos más capaces del grupo y la estrella roja sería el centro de trabajo.

4.- Roles

Una vez formados los grupos establezco los roles si el trabajo planteado es colaborativo. En mi caso diseñé los siguientes cuatro roles que pueden ser simplificados a tres:

LíderEl líder es el que debe tomar las decisiones cuando un tema se alarga demasiado y no se avanza, cuando hay un empate de opiniones o cuando el tema se desvía y es necesario volver a reconducirlo para seguir avanzando. También deberá gestionar el reparto de tareas dentro del grupo y hará las funciones de portavoz para con el profesor.

OrganizadorEl organizador es el que se encargará de controlar que la planificación de la tabla de trabajo en grupo (esta es una tabla que utilizo para que el alumnado empiece a saber organizarse, a responsabilizarse de su parte y que la entregue a otro compañero para que la supervise) y las distribuciones de tareas decididas se estén realizando correctamente. Así mismo el organizador será también el encargado, en caso de ser necesario, de la edición de los trabajos multimedia (fondos, formatos, sonidos, etc.) siempre y cuando no sean parte principal del trabajo propiamente dicho.

SecretarioEl secretario es el que debe tomar nota de qué se ha de hacer, de qué manera, qué requisitos de entrega hay, cómo hay que entregarlo y cuál es la fecha límite.  Al mismo tiempo el secretario se encargará de tomar apuntes de las dudas que surgen durante el proceso de trabajo y cuando sea oportuno consultará con el profesor para solventarlas.

SupervisorEl supervisor es el alumno o alumna que se encargará de recibir el trabajo final del grupo y los apuntes del secretario para comprobar que se puede entregar (porque está completo y cumple todos los requisitos), supervisará que haya una coherencia en el trabajo (que no sea una mezcla de partes individuales sin sentido) y una buena ortografía, y entregará el trabajo por el medio que haya establecido el profesor.

Estos roles se mantienen durante todo el trabajo en grupo si se trata de una tarea corta o de pocas sesiones. Una vez se cambie de grupo de trabajo y de tarea, los roles cambiarán de tal forma que todos los alumnos ejerzan de todos los roles en algún momento.

5.- Evaluación del proceso

Evaluación del profesor

He aquí uno de los puntos que considero claves para que el trabajo en grupo sea un éxito a largo plazo y que el alumnado entienda qué debe hacer y cómo debe hacerlo.

Si como profesores les planteamos la tarea, gestionamos los grupos pero a la hora del trabajo nos sentamos en nuestro escritorio y aprovechamos para corregir otros ejercicios y no prestamos atención a lo que está sucediendo en el aula provocaremos que el alumnado interiorice formas de trabajar en grupo erróneas, actitudes de abuso o de sumisión académicas  (todos conocemos alumnos que disimulan muy bien pero que no trabajan en grupo sabiendo que el compañero o compañera lo hará porque no quiere mala nota y también conocemos al alumno o alumna que no quiere problemas y prefiere hacer la parte de los demás para no obtener una mala calificación) y que entienda ese espacio como un lugar descontrolado en el que no importa cómo lo haga porque lo único que se va a valorar es el resultado final.

Para evitar todo ello hay que darle importancia al proceso y ahí se integran las cuestiones procedimentales y las actitudinales. ¿Cómo hacerlo y no morir en el intento?

Tras unos cuantos años de gestión de trabajos en grupo en el aula llegué a la siguiente conclusión: lo mejor es evaluarles cada día de trabajo pero no quiero tener cien notas de cada alumno con las que tratar al final del trimestre para generar una nota final. Para ello trabajo con varias tablas de notas fluctuables. La siguiente es un ejemplo:

Tabla Evaluación

Cuando los alumnos están trabajando yo voy evaluando estos diez ítems. Como se puede observar todos empiezan con un 5 y si observo que un alumno está manteniendo un buen ambiente de trabajo (tono de voz, actitud corporal, etc.) le subiré el 5 a un 6 mientras que si veo que no se está planificando bien sus tareas le bajaré de un 5 a un 4.

Cuando empieza la siguiente sesión yo mantengo las notas que tenía de la anterior así que si el mismo alumno esta vez se planifica bien subirá del 4 que tenía al 5 y si sigue manteniendo un buen ambiente de trabajo subirá del 6 al 7.

De esta manera, al finalizar el trabajo, yo tengo una única tabla de evaluación que me genera una nota de procedimientos y una de actitud sin necesidad de lidiar con muchas notas de distintos días. No es imposible evaluar cada día y no acabar enterrado en papeles, anotaciones y una cantidad ingente de notas. Eso sí, requiere estar activo en el aula.

Autoevaluación y coevaluación

Al finalizar el trabajo en grupo les hago llegar a los alumnos un formulario en forma de rúbrica que deberán rellenar en su casa, de forma privada y con tranquilidad.

Este formulario les requerirá evaluar a cada uno de sus compañeros de trabajo en base a los mismos ítems que les he evaluado yo durante las sesiones de trabajo. La finalidad de este cuestionario es dual: por un lado me permite ver si ha habido algún problema en el grupo que no he detectado (un alumno que no haya trabajado, que haya mostrado actitudes incorrectas, etc.) y por otro me permite comprobar si lo que los alumnos entienden por “saber planificarse”, “tener respeto”, “estar concentrado”, etc. es lo mismo que entiendo yo. No es la primera vez —ni seguramente será la última— que valoran uno de los ítems de sus compañeros muy positivamente aunque yo no tengo una nota muy elevada. Esto me indica que su concepción de “trabajar bien” o de cualquiera de los ítems planteados no es buena y entonces deberé explicar mejor qué quiero y cómo lo quiero porque si no seguiré obteniendo los mismos resultados. El primer paso para que lo hagan bien es saber qué se considera “bien” y que no.

Una vez han rellenado el formulario evaluando a todos sus compañeros deberán repetirlo pero evaluándose esta vez a sí mismos.

6.- Y vuelta a empezar

El siguiente trabajo en grupo, siguiendo la misma estructura planteada, será con otros compañeros, permitiendo que todos los alumnos trabajen con todos, que ejerzan nuevos roles y que se enfrenten a las dificultades que se les plantean no solo desde la tarea sino también desde el trabajo en grupo, que es, en sí mismo, algo que aprender.

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